lunes, 27 de octubre de 2008

Cita II (por debilidad)

La maraña

No es que fuera retorcida, como pensé al principio, es que a todo acababa dándole mil vueltas. Y no es lo mismo lo uno que lo otro.

Las retorcidas siembran curvas al costado allá por donde pasan, pero avanzan sin embargo siempre en línea recta. Son malas y se las ve de lejos. Ella en cambio caminaba dulce y con las ideas muy limpias, pero acababa estrellándose luego en una última curva que duraba, eso sí, una eternidad. La basura sin fin de un mal momento.

La hora final del dia, de una noche, de un viaje o de los cuerpos; la hora oscura en que después de la felicidad empezaba a darle vueltas a todo y acababa dándole vueltas a nada. La luz, el aire, el tono, las agendas, los celos. Un enjambre, un mareo, un sinsentido, un torbelino en ciernes.

Se enredaba en ella misma y luego no había manera de salir, porque acababas tú aún más enredado que ella en la maraña de sus propias palabras. Sólo cabía entonces calar y aguardar con paciencia otra clase de cita.

Cuando apoyaba la madeja sobre la almohada y se dejaba desenredar del todo, beso a beso, pedía a gritos que se parara el mundo porque sabía que la felicidad giraría de nuevo sobre el eje sinfín de su maldita cabeza.



Fernando Beltrán - Mujeres encontradas






(...para todas las Pacas)



http://www.sinsentido.es/editorial_catalogo_ficha.cfm?id=1655

1 comentario:

Andrea dijo...

...el mundo no se para. Será porque mi cabeza no se "apoya sobre la almohada"?
Ahí tienes el secreto de mis marañas... o de mi insomnio :S