No suelo soñar.
Y si sueño, no suelo recordar.
Porque mi soñar es despierto.
Soñé con alguien que llegaba, alguien que se alejaba.
Y así recojo ideas con cazamariposas sin red.
Para trazar galerías desteñidas
y forjar mis sueños
dando cuerpo a expectativas
a ilusiones
y a temores.
Humo de tabaco,
o de parafina.
Hipnotiza el gesto adusto,
la estática mirada
e inquietos pensamientos
(se cuentan por miles)
Luz de las sombras.
Una lágrima en primer plano
Una sonrisa en contrapicado
El peón avanza
entre torres y alfiles
espiando el enroque
a caballo
del otro lado.
Las coordenadas marcan la cruz del tesoro
en un plano de calles de un solo sentido
Vias sin salida
que iluminar
con bombillas rotas
Y la madrugada se distrae a veces en despedidas
sin percatarse
del olor a café.
Porque es más vivo,
más intenso
-que soñar dormido-
el soñar despierto.
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