Pero, esa noche, se desperto entre sudores fríos, y presa de una gran inquietud. Pálido, muy pálido, se irguió lentamente, vacilante, abrió la ventana, y aspiró ansiosamente el frío aire de la noche, en un vano intento por despertarse por completo, y olvidar, lo antes posible, su sueño de esa noche. porque esta vez, su innata habilidad no le había servido. En su sueño, todos los personajes habían enmudecido, y ninguno de sus desesperados intentos por devolverles el habla había funcionado.



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