Y es que no es fácil beber de palabras de otros, cuando malvives ahogado en tus propios silencios. Sientes, padeces, ríes y lloras; pero tu voz muda te niega la luz, el color, la razón. Te quedas su alma, les robas la voz. Para tener la tuya, y saberte. Y con sus palabras, ajenas, te armas, y te desarmas. Hasta el próximo asalto.



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