jueves 16 de diciembre de 2010

5. Final

Descansa ahora, relajado. Date la tregua que vas buscando. Porque llegó el compás que marca tu paso, abonado un peaje que ya queda atrás. Y el hambre voraz, de lobo estepario, o la angustia vital de sentirse asfixiado, te observan ya desde el otro rincón.

Y es que no es fácil beber de palabras de otros, cuando malvives ahogado en tus propios silencios. Sientes, padeces, ríes y lloras; pero tu voz muda te niega la luz, el color, la razón. Te quedas su alma, les robas la voz. Para tener la tuya, y saberte. Y con sus palabras, ajenas, te armas, y te desarmas. Hasta el próximo asalto.